Por motivos laborales, mi esposo acaba de ser trasladado a la ciudad de Santiago, su ciudad natal, donde nos casamos, nacieron nuestros hijos y vivimos hasta que un buen día, (once años atrás), Dios nos llevó a Temuco, una ciudad desconocida para nosotros.
Dejar Santiago en aquella oportunidad fue un verdadero drama. Dejar todo atrás, las personas que amas, ministerio, iglesia, familia, amigos, colegios, etc. No fue nada fácil, sobretodo porque en aquel entonces yo vivía medio “dormida” y mi conocimiento REAL de quién es Dios era bastante mediocre.
Con el pasar del tiempo eso cambio. Pude conocer realmente a Dios, como nunca antes lo había hecho y eso hizo una gran diferencia. Vivir en Temuco fue una verdadera bendición. Sería largo de contar, y no es el tema, pero en Temuco echamos raíces, fuimos “adoptados” por una familia espiritual maravillosa, nacieron los Lokos por Cristo, nuestros hijos espirituales y muchas bendiciones más. Todo dentro del plan de Dios.
De pronto, sin esperarlo… ¡ZAZ!, ¡Cambió el panorama, Dios nos mandó llamar de regreso a Santiago! En cosa de días nuestras vidas dieron un giro de 180º, hubo que empacar maletas y partir a “la tierra que nos había prometido”. Un cambio drástico, repentino, difícil, pero necesario. En Santiago esperaba un nuevo puesto en el trabajo y además comenzar un nuevo ministerio, mi esposo como Director Nacional de Especialidades Juveniles Chile.
Nuevamente Dios moviendo las “piezas” del “rompecabezas” de nuestra vida, para cumplir con el propósito que desde siempre Él ha tenido para nosotros.
El fin de semana pasado viajamos como familia de “visita” a Temuco para encontrarnos con todos aquellos hermanos, amigos y cantidad de hijos espirituales, para decirles: - “Adiós, les esperamos en Santiago. Les amamos y les llevamos en el corazón”.
Las despedidas no son agradables, pero en muchas ocasiones, son el paso que hay que dar para alcanzar tus sueños.
En el transcurso de esta semana, con diferencia de 3 días, hemos recibido dos noticias que han impactado fuertemente nuestro corazón. Dos hermosos jóvenes, estudiantes universitarios, que conocimos en su temprana adolescencia, (cuando pertenecieron o “visitaron” al grupo LPC, los Lokos por Cristo, ministerio de adolescentes que ministrábamos), murieron.
Nadie lo esperaba, tan jóvenes ambos… Distintas y lamentables circunstancias terminaron con sus vidas.
Salmo 90:9b-10 dice: “… los años se nos escapan como se escapa un suspiro. Si las fuerzas nos ayudan, podemos vivir setenta años, y aun llegar a los ochenta…”
¿En qué quedamos entonces?, ¿Qué pasó con ellos, no era hasta los ochenta? En casos como estos muchos se preguntan: ¿Por qué?, ¿Qué propósito puede tener Dios para llevarse a un joven en la flor de su vida?, ¿Por qué Dios no hizo algo para impedirlo?, ¿Por qué no se llevó a un viejito enfermo de 80?, ¡a ellos les quedaban tanto por vivir…!
Isaías 57:1-2 dice: “Muere la gente honrada y a nadie le llama la atención; desaparece la gente buena y nadie entiende que la muerte los libra de sus males.”
Nadie tiene asegurada la vida ni por uno, ni por ochenta años, sólo Dios, como dueño y dador de la vida sabe el día y la hora en que nos mandará llamar. No hay forma de conocer en qué momento tendremos que partir o ver partir a las personas que viven a nuestro alrededor y decirles adiós. Lo que si sé es que hay que pedir a Dios que “Nos enseñe de tal forma a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” Sal. 90:12
Hay muchos que viven sin conocer a Dios, entre ellos miles de jóvenes que deambulan como “muertos” en vida, en la más completa oscuridad, sin esperanza, ni dirección, creyendo que tienen “toda” la vida por delante. Andan a tropezones, buscando en los lugares y las personas más increíbles, el amor que llene sus vacíos corazones, desconocen que hay un plan para sus vidas. Tienen la ilusión de toparse con alguien que realmente les muestre el amor del que tanto hablamos los cristianos. Pero en ocasiones solo se encuentran con “cristianitos” dormilones que dicen una cosa y terminan haciendo otra.
Doy gracias a Dios por haber conocido a Gabriel y Florencia, porque tengo la seguridad de que ambos escucharon hablar del Señor Jesucristo, del plan divino que Él tenía para sus vidas y porque en su momento ellos conocieron de Su amor, le aceptaron como su Señor y Salvador. No tengo las respuestas para explicar su inesperada partida, pero sé que Dios las tiene. Y por doloroso que hoy sea decirles adiós, sé que un día los encontraremos en el cielo.
Ignoro el plan que Dios tiene para tu vida. No sé si querrá llevarte algún lugar o si te llamará para una tarea especial, ni cuando lo hará, ¡¡pero sé que Su plan es perfecto y se lleva a cabo en el cumplimiento del tiempo!!
Te pido, en el nombre del Señor Jesucristo, que vivas como si tuvieras que decir adiós a todos los que te rodean hoy mismos. Sin importar la edad que tengas, vivamos donde la luz brilla y donde todo queda al descubierto y puede verse cómo es en realidad.
¡¡DESPIERTA TU QUE DUERMES!!
Levantémonos de entre los muertos, y Cristo nos alumbrará. Cuidemos cómo andamos, no como tontos, sino como sabios, aprovechando al máximo cada día que Dios nos permite vivir, porque los días son malos y no sabemos si hoy es el último. Y por último, preocupémonos de hacer lo que Dios nos ha pedido”. (Paráfrasis de Efesios 5:13-17)
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